El fútbol vuelve a casa
Miércoles, 16 de abril de 2008¿Qué mejor escenario para la mayor fase final del Campeonato Europeo de Fútbol que el país que había brindado el juego al continente? Dieciséis equipos, el doble que en la edición anterior, estaban divididos en cuatro grupos de cuatro. Los dos mejores de cada uno de ellos se clasificaban para cuartos de final, fase que se introdujo por primera vez.
Nuevas reglas
Hubo otras innovaciones. La posición de los equipos empatados a puntos no se decidiría por su diferencia de goles, sino por el resultado del partido jugado entre ellos. Y las fases de eliminatoria se decidirían con el “gol de oro” por primera vez en una competición internacional de categoría.
Esperanza inglesa
Al igual que en las Copas del Mundo FIFA, Inglaterra esperaba acabar con su pésima estadística en el torneo ganándolo en su propio terreno. Terry Venables llamó a algunas brillantes jóvenes promesas (Darren Anderton, Steve McManaman, Jamie Redknapp y los hermanos Neville, Phil y Gary), pero el equipo aún tenía una dependencia de Paul Gascoigne por su garra en el centro del campo, y los goles eran coto privado de Alan Shearer.
Ventaja local
La ventaja de jugar como locales había sido decisiva para Inglaterra en la Copa del Mundo FIFA de 1966, y los adversarios no parecían insuperables. Bulgaria, Portugal, los talentosos croatas, y Suiza no eran temibles. Alemania imponía menos que de costumbre, España e Italia eran incógnitas, mientras Rusia y la República Checa no venían precedidos de una gran reputación. Francia había dejado a Eric Cantona fuera del equipo, a pesar de su reciente gol de la victoria en la final de la Copa de la Liga que sirvió para completar el doblete del Manchester United FC.
Rivales peligrosos
No obstante, en el grupo de Inglaterra había un equipo potencialmente peligroso. En la eliminatoria en la que se decidió la última plaza para la fase final, Holanda había derrotado a Irlanda por 2-0 en Anfield, aunque haciendo un fútbol tranquilo, de toque, que no tenía punto de comparación con el de las épocas de Johan Cruyff o Ruud Gullit. Una característica interesante de esta selección era la cantidad de jugadores de talento que tenía: Michael Reiziger y Winston Bogarde atrás, Edgar Davids y Clarence Seedorf en el medio, y el joven de 19 años Patrick Kluivert, que había marcado ambos goles.
El sueño inglés
Además, Inglaterra tendría que vérselas con Escocia, lo que añadió morbo al torneo. Sin embargo, Inglaterra necesitaba un premio mayor que una simple victoria ante sus vecinos. 30 años de sequía no han desvanecido el sueño inglés.
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