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Un estudio independiente sobre el Mundial bienal revela efectos económicos negativos para el fútbol

Impacto deportivo y financiero perjudicial para el fútbol y los aficionados.

Un estudio independiente realizado por la renombrada consultora Oliver & Ohlbaum a petición de la UEFA, evalúa el impacto económico que tendría en las federaciones miembro un Mundial bienal y un nuevo Calendario Internacional de Partidos, tanto para el fútbol masculino como para el femenino, diseñado de acuerdo con el proyecto presentado por la FIFA.

Las alarmantes conclusiones del informe, que suscitan serias dudas sobre la sostenibilidad del plan para las federaciones miembro europeas, se suman a varias observaciones que abordan los efectos en diversos ámbitos del juego y sus competiciones.

El objetivo anunciado de suavizar la carga del calendario para los jugadores choca con la duplicación de las fases finales, que haría que cada temporada terminara con un Mundial o un campeonato de confederaciones. Torneos de tal intensidad no pueden repetirse cada año sin que aumente el agotamiento mental y físico de los jugadores, que de hecho se encontrarían jugando incluso más de un torneo por temporada, si todos los partidos de clasificación se celebraran en uno o dos bloques largos.

Aumentar el número de torneos finales y reducir las eliminatorias haría que los jugadores con los calendarios más ocupados jugaran aún más, mientras que dejaría a todos los demás con menos en su calendario. Lo mismo ocurriría con sus selecciones nacionales. Los equipos que no lleguen a las fases finales en el esquema propuesto no sólo jugarían menos partidos en total, sino que perderían el contacto regular con su afición debido a los largos periodos de inactividad.

Un calendario que no se ajusta a las necesidades técnicas de las selecciones nacionales, que no ofrece la posibilidad de probar e introducir gradualmente a nuevos jugadores y que puede exponerlas a jugar todo un ciclo de clasificación sin jugadores clave lesionados, repercutiría al mismo tiempo en las ligas, exponiéndolas a pausas excesivamente largas, lo que sería perjudicial para todos, especialmente para los que juegan la temporada de verano y los que deben suspender sus campeonatos en invierno por razones climáticas. Un mes de actividad de las selecciones nacionales dejaría a los jugadores no internacionales sin competición mientras sus compañeros internacionales jugarían intensamente. Los clubes cargarían con las consecuencias de esta incoherencia.

El fútbol femenino no se salvaría, a pesar de la anunciada intención de duplicar el número de Mundiales femeninos, ya que los principales torneos dejarían de gozar de la exclusividad del calendario y de todo el protagonismo, con el consiguiente impacto negativo garantizado en términos de exposición e interés de los aficionados y los medios de comunicación.

Junto con el fin del Campeonato de Europa sub-21, todo el sistema de campeonatos de selecciones nacionales juveniles tendría que ser revisado y probablemente reducido, como efecto de la reducción de las ventanas disponibles para el fútbol de selecciones.

Como señaló el COI, el plan de duplicar la frecuencia del Mundial tendría efectos preocupantes sobre muchos otros deportes, cuyos eventos clave se enfrentarían a choques de calendario sin precedentes y verían sus espacios invadidos por un poderoso competidor.

En este oscuro contexto deportivo, la investigación realizada por Oliver & Ohlbaum proyecta un panorama profundamente negativo para el fútbol de selecciones europeas, en caso de que se aplique el plan de la FIFA.

Si se suman las pérdidas de los ingresos centralizados (derechos de los medios de comunicación de los Clasificatorios Europeos masculinos y de la Nations League, repartos de la UEFA EURO) y de las fuentes individuales, como la venta de entradas y los patrocinios, los ingresos de las federaciones miembro europeas podrían caer entre 2.500 y 3.000 millones de euros a lo largo de un ciclo de cuatro años, en función del número de ventanas de clasificación disponibles (dos o sólo una).

Haciéndose eco de las claras objeciones expresadas por las partes interesadas europeas en varias ocasiones y de la firme y motivada oposición anunciada por las organizaciones de aficionados, la UEFA considera que sólo deben proponerse cambios radicales si se traducen en beneficios claros e incuestionables para el juego y sus actores.