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El Madrid se redime de su semana negra

Real Madrid CF - AS Monaco FC 4-2
El gol final de Morientes deja la eliminatoria abierta.

Llegaba el Real Madrid CF al partido contra el AS Monaco FC con ganas de mejorar el paupérrimo bagaje cosechado tras las dos derrotas en los dos últimos partidos disputados, uno de los cuáles, la final de Copa contra el Zaragoza, fue especialmente doloroso para sus aficionados. Y con esa raza se colocó en los primeros minutos sobre el campo. Ayudado, en parte, por la recuperación del dibujo táctico habitual tras la vuelta de Ronaldo. Un remate de Zinedine Zidane a los cinco minutos y un cabezazo clarísimo de Raúl a los nueve parecían los parámetros ideales para echar abajo las ilusiones del Mónaco de plantarle cara a su rival. Pero como siempre, la relajación madridista no se hizo esperar. El conjunto de Didier Deschamps lo sabía.

Comodidad monegasca
Y no lo desaprovecho el AS Monaco FC para hacerse ver en el campo. Ya que su defensa no les acompañaba, un continuo repertorio de fallos de la retaguardia en los balones aéreos casi les condena, los atacantes decidieron hacer la guerra por su cuenta. Y ya se sabe que cuando al Real Madrid se le presiona en la línea de salida de la pelota empiezan los problemas. Y empezaron. Durante quince minutos, del 15 al 30, el Mónaco empezó a construir el juego que le interesaba entre las continuas imprecisiones de la zaga local. Fernando Morientes fue el primero en abrir la lata de las ocasiones francesas. Su labor la iría engrandeciendo con el paso de los minutos Ludovic Giuly. 

Arrebato y decepción 
Pero el control francés se vería interrumpido por tres minutos eléctricos de la vanguardia blanca. Primero Ronaldo con un remate de cabeza clarísimo de los que no suele perdonar; después, al minuto siguiente, Zidane con un trallazo al palo; y finalmente Figo con un lanzamiento desviado pusieron en aviso al Mónaco. Pero los de Deschamps no se amilanaron. Giuly seguía desperdiciando los regalos de Pavón, sustituyó a Raúl Bravo por lesión, y Helguera de manera peligrosa. Hasta que, tras un saque de esquina y otro error del capitán del Mónaco, el esférico llegaba mansamente al área pequeña donde allí era remachado por Sébastien Squillaci, con la poca sutileza que demuestran los centrales en terrenos que no son el suyo. Daba igual. El gol subía al marcador y el Mónaco se iba al descanso con ventaja por su atrevimiento. 

Gol rápido
El inicio de la segunda parte transcurría por el mismo cauce de la primera, hasta que en una desgraciada acción del portero y defensa del Mónaco, la pelota daba en la cabeza de Iván Helguera que, casi sin quererlo, se convertía en el autor del empate. Era el origen del vendaval ofensivo que iba a azotar al conjunto francés. Por supuesto, por las ganas del Madrid, pero también por el miedo a perder de los de Didier Deschamps. Recularon hasta límites insospechados. Y esa sensación de supremacía que otorgó gratuitamente al Madrid es la clave de muchas de las victorias del equipo blanco.

Recital de Figo
Carlos Queiroz ordenó condenar la banda derecha en beneficio de la izquierda. Figo se situaba de extremo y los pases tenían que ir a él. Además, el portugués estaba inspirado y el partido se convirtió en un calvario para el lateral derecho Gaël Givet. Con la aportación de Zidane, se fabricó el segundo. Un ejemplo de primer toque que sólo pueden ejecutar equipos de la calidad del Real Madrid. Tras una posición franca de Figo, el portero Roma rechazó pero se encontró con el centrocampista francés, que no perdonó. Lejos de acomodarse, el Madrid aceleró su motor y Figo se hizo omnipresente. No mucho más tarde, llegaría otra lección de Zidane al ver un desmarque de Ronaldo que Squillaci finiquitó cometiendo penalti. Figo tras el fallo inicial, consiguió convertirlo. Era el minuto 70. Ronaldo, once más tarde recogía su trozo de gloria al plantarse solo ante el portero y cruzarle el balón de izquierda a derecha. Cuatro a uno. Eliminatoria sentenciada si el Madrid no cometiera los fallos defensivos que comete.

Eliminatoria en el aire
Debido a ello, Morientes se desquitó de su cesión al Mónaco con un remate de cabeza que ponía en evidencia el actual momento de Pavón y daba la razón a los que piensan que no tiene sitio en el once titular blanco. Hasta el final del encuentro, el equipo del Principado dispuso de dos acciones inocentes que no pusieron en excesivos problemas a Casillas. El 4-2 es una renta tan agradable como engañosa para el Real Madrid. Los resultados de la semana pasada son el ejemplo más claro para entenderlo. Por tanto, no queda otra: esperar al partido de vuelta.

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