El regreso del fútbol: UEFA está preparando una vuelta segura de sus competiciones de élite.
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Tiempo para el recuerdo: Gaizka Mendieta

El reciente periodo de inactividad deportiva ha brindado a varias figuras del fútbol la ocasión de reflexionar sobre las decisiones que tomaron a lo largo de sus carreras, desde el momento en el que decidieron convertirse en futbolistas en su más temprana juventud hasta la nueva trayectoria profesional empezada después de colgar las botas. Comenzamos esta serie especial con los recuerdos del español Gaizka Mendieta.

UEFA

He alcanzado logros en mi carrera que jamás habría imaginado. No se te pasa por la cabeza conseguir algún día cosas como jugar en el Mundial, en la EURO, en la UEFA Champions League o en la primera división española y además para el club que siempre habías seguido. Ni siquiera en sueños.

Siempre me gustó jugar al fútbol, pero la verdad es que lo dejé durante un tiempo.

Ahora que estoy retirado sé que, si un jugador te dice que no echa de menos el fútbol, miente. A mí me pasó lo mismo cuando era joven.

Mi padre era futbolista, concretamente portero, y precisamente por eso sorprende más si cabe que yo dejara de jugar durante un tiempo. Sin embargo, nunca me sentí presionado para seguir los pasos de mi padre, y mis padres me apoyaron.

De niño, con 10 o 12 años, practicaba horas y horas las cosas que mi padre me había enseñado. A veces ponía a mi hermano en la portería y lo acribillaba a disparos.

Durante esa misma época empecé a jugar al baloncesto en el colegio, y era bastante bueno. Hice atletismo, era corredor de media y larga distancia, de campo a través, y también era bastante bueno en eso. Incluso batí algunos récords.

Practicaba tres deportes a la vez, por lo que tenía una agenda muy apretada, pero no podía entrenarme en los tres. Primero dejé el baloncesto. Aunque al final acabaría por renunciar al atletismo, en un momento determinado decidí dejar el fútbol y dedicarme a correr.

Seguía jugando con los amigos, pero abandoné la competición. Jugábamos en campos de gravilla, con arena; el césped era un lujo. A los chavales de hoy en día les sorprenderá, pero entonces no había campos artificiales. En nuestro caso, si hacías una entrada por el suelo, las piernas te dolían durante semanas.

Pensar en aquellos primeros partidos me pone nostálgico y me hace feliz, pero por entonces no imaginaba ni en sueños lo que estaba por llegar..

Semifinales clásicas entre españoles: Messi, Zidane, Mendieta...
Semifinales clásicas entre españoles: Messi, Zidane, Mendieta...

Los comienzos

Por este motivo, para el estándar profesional, ya era bastante mayor (tendría 13 o 14 años) cuando finalmente decidí concentrarme en el fútbol. Empecé a jugar en un club pequeño de Castellón, fundado en una tienda deportiva de la ciudad cuyo dueño había sido futbolista. Nuestro equipo estaba formado por amigos, que es lo único que quieres de chaval.

Recuerdo la primera vez que pensé seriamente en que a lo mejor podía hacerme futbolista. Estábamos en esa tienda deportiva, y mi padre me dio a elegir entre comprar unas botas de fútbol caras o unas zapatillas de correr con clavos, también caras.

Elegí las botas de fútbol: adidas World Cup. Pero seguía viendo muy lejano jugar de verdad y marcar con ellas.

Fiché por el Castellón, mi primer equipo profesional, a los 16 o 17 años, y debuté en la segunda división española. Sigue siendo uno de mis mejores recuerdos. Poco tiempo después, firmé con el Valencia.

Dando la talla

A principios de mi primera temporada en el Valencia, se presentó la plantilla a los aficionados con sesiones de entrenamiento en Mestalla. El estadio estaba a rebosar; lo recuerdo como si fuera ayer. Una entrada a lo grande.

Cuando echo la vista atrás, con mi fichaje por el Valencia todo empezó a encajar y a tener sentido para mí. Puede que ahora resulte obvio, pero no funcionó como esperaba. Mi historia no se parece a la de algunos jugadores.

Tuve que trabajar con tesón durante mucho tiempo para llegar al nivel que necesitaba; mi progresión fue lenta, y los entrenadores no me confiaban minutos de juego. Querían cederme, pero pensé que, si me marchaba cedido, me costaría mucho regresar y alcanzar el éxito. De manera que seguí trabajando cada día para quedarme allí.

Aquellos primeros años fueron difíciles: marcharme de casa, vivir por mi cuenta, estar lejos de la familia y los amigos. Todo lleva su tiempo, y eso sin contar además con el fútbol..

Contratiempos

Michel Salgado, del Real Madrid, consuela a Mendieta tras la final de la UEFA Champions League del 2000
Michel Salgado, del Real Madrid, consuela a Mendieta tras la final de la UEFA Champions League del 2000AFP via Getty Images

También sufrí reveses sobre el terreno de juego. Recuerdo que una vez me dijeron que me pondrían en el primer equipo para un partido, pero me hice un corte en la rodilla, que necesitó puntos de sutura, y no pude viajar. En esos instantes piensas que tu oportunidad se ha esfumado y no sabes si te llegará otra.

En momentos como esos siempre me ayudó tener otras cosas en la vida que no fueran el fútbol. No es bueno pensar todo el día en lo mismo. Hay que desconectar, ver otras cosas y motivarte con ellas: deportes diferentes, música, museos y demás. Te proporcionan equilibrio. En mi caso, esto significaba que, cuando regresara a los entrenamientos, estaría fresco y concentrado, y tendría suficiente energía para los desafíos que me esperaban.

En mi primera época jugué un tiempo de lateral derecho, pero siempre quise ser un centrocampista técnico que marcara goles. Tenía una mentalidad ofensiva, por lo que, incluso como lateral derecho, estaba desesperado por impresionar. Subía y bajaba por la banda como un brasileño, tratando de internarme en el área..

La magia de Mestalla

Finalmente empezaron a salirme bien las cosas. Cuando Héctor Núñez llegó de entrenador al Valencia, me dijo que jugaría todos los partidos en el centro del campo y que tenía toda su confianza.

Desde aquel momento empecé a creer en mí mismo y a darme cuenta de que tenía talento para alcanzar el éxito. Regresé a lo que me gustaba, a tener más el balón, a crear ocasiones y a participar más en los partidos.

No marqué muchos goles, pero nunca olvidaré algunos de ellos.

La gente todavía habla de mi volea contra el Barcelona o del tanto que anoté contra el Athletic al cabo de un regate tras otro desde el círculo central. Es fantástico recordarlo, pues significa que tanto entrenamiento valió la pena. Todas las horas invertidas dieron fruto.

Mendieta estuvo diez años en el Valencia
Mendieta estuvo diez años en el ValenciaAFP via Getty Images

La mejor sensación

Me enorgullece y me honra recordarlos y oír cómo la gente me habla de este o aquel gol, o de un partido en el que yo jugué. Es la mejor sensación.

Lo mejor como deportista es saber que dejas un legado a las nuevas generaciones, algo a lo que aspirar y tratar de emular de alguna forma. Es la mejor sensación, no solo en el deporte, sino en la vida.

Al final, estuve diez años en el Valencia. Conseguimos cosas maravillosas, y jugué dos finales de la Champions League.

Roma y el Riverside

Para entonces ya pensaba que había llegado la hora de vivir nuevas experiencias en otro país. Italia tenía una liga muy fuerte, y yo quería probarla. Me llegó la oportunidad de fichar por la Lazio: todo un reto en aquella época, pues estaban incorporándose un montón de jugadores nuevos.

No salió como yo esperaba. A veces el fútbol no sale como uno lo espera.

Ahora, cuando lo recuerdo, no creo que tuviera tiempo para aclimatarme a la nueva situación. Jugué muy pocos partidos, fichamos seis o siete jugadores nuevos, tuvimos dos presidentes, tres entrenadores, y no funcionó como yo pensaba.

El Barcelona se presentó con la posibilidad de regresar cedido a La Liga y a un estilo de fútbol que yo sabía que me iba de perlas. Por supuesto, respondí que sí. Pero aquel año el Barça estaba igual que la Lazio: tres entrenadores, dos presidentes. Sin embargó, jugué con regularidad y disfruté de mi paso por el club.

Mendieta estuvo cuatro años en el Middlesbrough al final de su carrera
Mendieta estuvo cuatro años en el Middlesbrough al final de su carrera Getty Images

También tenía ganas de probar en Inglaterra y en la Premier League, por lo que me puse a buscar en los grandes clubes ingleses para dar el siguiente paso, pero en aquel momento llegó el Middlesbrough.

No figuraba entre los grandes equipos, no había ganado muchos trofeos ni había participado en la Champions League, pero el club me resultaba atractivo, así que pensé: "¿Por qué no?".

Fue muy emocionante tratar de conseguir algo especial allí. Fue una gran época. Ganamos la Copa de la Liga en mi primer año en el club y disputamos la final de la Copa de la UEFA en mi tercer año tras una trayectoria impresionante por la competición.

Resultó una decisión estupenda, y demuestra que hay muchas maneras diferentes de tener éxito en el fútbol. Decidí quedarme en Middlesbrough. Cuando era joven posiblemente no hubiera encontrado la ciudad en el mapa, pero me encantó la zona y, después de colgar las botas, seguí viviendo allí dos años más.

Llegó el final... y nuevos comienzos

Me costó retirarme. Conozco a algunos que no echan de menos los partidos, la presión, la tensión ni la atención, pero saltar al campo, la adrenalina, la algarabía, la sensación de entrar en un estadio lleno, marcar un gol… no hay muchas cosas en la vida que puedan proporcionarte todo eso.

Cuando llegas al final de tu carrera, te paras a pensar qué hacer. ¿Quería ser entrenador? No me convencía demasiado. ¿Quería hacerme ejecutivo o director deportivo? No sé; nunca lo había hecho y no tenía títulos de entrenador en aquella época.

Empecé a mirar licencias técnicas y a estudiar cursos que me parecieron interesantes para mi formación, como el Máster Ejecutivo de la UEFA para Jugadores Internacionales, un curso para exfutbolistas que te ayuda a prepararte para una segunda carrera en la industria del fútbol.

Graduado en el UEFA MIP en 2019
Graduado en el UEFA MIP en 2019UEFA via The Image Gate

Ahora tengo un máster ejecutivo. Tengo una licencia A de la UEFA y trataré de estudiar la licencia Pro el año que viene. Siempre me ha gustado seguir aprendiendo. Cuando llegue una oportunidad en el fútbol, estaré preparado.

Al recordar mi carrera de jugador, como dije al principio, me doy cuenta de que alcancé logros que jamás habría soñado.

¿Cambiaría algo? Quizá haberles dicho a mis compañeros por dónde tirar este o aquel penalti. En la vida siempre hay cosas que quieres hacer, pero, al echar la vista atrás, he disfrutado de la carrera que he querido.

He jugado en las mejores ligas y competiciones del mundo, he ganado trofeos en algunas de ellas y he vivido y disfrutado de diferentes culturas con personas de muchas procedencias diferentes.

Todo esto me ha convertido en lo que ahora soy. Creo que me ha ido mejor que como corredor. Y, de todas formas, nunca fui suficientemente alto para el baloncesto.

Gaizka Mendieta disputó 40 partidos con la selección de España, con la que marcó ocho goles, y jugó en la EURO 2000 y en la Copa Mundial de la FIFA de 2002.

Fue subcampeón de la UEFA Champions League con el Valencia en 2000 y en 2001, y recibió el premio de la UEFA al mejor centrocampista del fútbol de clubes en ambas temporadas. También contribuyó a la clasificación del Middlesbrough para la final de la Copa de la UEFA en 2006, y se proclamó subcampeón del Campeonato Europeo Sub-21 de la UEFA en 1996. Es embajador de la UEFA EURO 2020.

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